Compromiso con una ecología integral

En ocasión del quinto aniversario de la Carta Encíclica Laudati si ‘del Francisco (05/24/2015)

Nosotros, responsables o miembros de congregaciones, comunidades, instituciones, movimientos o entidades, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas miembros de la Iglesia en Cataluña,

Celebrando el quinto aniversario de la Carta Encíclica Laudati si ‘del Francisco, así como la reciente publicación de su Exhortación Apostólica postsinodal «Querida Amazonia»,

En solidaridad con todos aquellos que sufren las graves consecuencias de la pandemia mundial sobre la salud y sobre la economía, y que afectan especialmente a los colectivos más vulnerables,

Preocupados porque en los últimos años se han agravado los factores que llevan a la rotura de los equilibrios que hacen sostenible la Tierra y son cada vez más graves las consecuencias para los países y las comunidades más pobres del mundo,

Preocupados porque nuestro modelo de desarrollo depredador y nuestro estilo de vida consumista generan graves y crecientes perjuicios a los ecosistemas y la biodiversidad, promueven exclusión social y provocan un cambio climático que obliga poblaciones enteras a marchar hacia otros territorios por motivos de supervivencia,

Conscientes de que la crisis sanitaria mundial que padecemos ha mostrado una vez más la profunda interdependencia de la familia humana y la necesaria corresponsabilidad de todos en el destino de la humanidad, y nos ha ofrecido una nueva oportunidad para avanzar en la construcción de un mundo más justo y fraterno,

Haciendo nuestro el documento de compromiso firmado el 20 de octubre de 2019 por participantes del reciente Sínodo Panamazònic a las Catacumbas de Domitila,

En profunda comunión con el sucesor de Pedro, invocamos al Espíritu Santo y declaramos y nos comprometemos personal y comunitariamente a:

1. Asumir, ante la amenaza extrema del calentamiento global, la pérdida de biodiversidad y el agotamiento de los recursos naturales, el compromiso de defender la Casa Común y cada uno de los humanos que la habitan con nuestras actitudes y opciones de vida.

2. Reconocer que no somos los dueños ni dominadores de la Tierra, autorizados a expoliar, sino que nosotros mismos somos tierra (Gn 2,7-8), huéspedes y peregrinos (1 Pe 1,17b y 1 Pe 2,11), llamados a ser sus celosos cuidadores y cuidadoras (Gn 1,26 y 2,15).

3. Promover una ecología integral, en la que todo resto interconectado, los seres humanos y toda la creación, porque todas las criaturas son hijos e hijas de la tierra y sobre ellos aletea el Espíritu de Dios (Gn 1,2).

4. Acoger y renovar cada día la alianza de Dios con toda la creación. «Mirad, yo hago mi pacto con vosotros, con vuestros descendientes y con todos los seres vivos que te rodean: los pájaros, los animales salvajes y domésticos que han salido del arca, en una palabra, con todos los seres vivos de la tierra «(Gn 9,9-10 y Gn 9,12-17).

5. Renovar en nuestras iglesias la opción preferencial por los pobres, y en particular los pueblos indígenas u originarios y, junto con ellos, garantizar su derecho a ser protagonistas en la Iglesia, en la sociedad, en el concierto mundial de pueblos y culturas . Ayudarles con todos los medios a nuestro alcance a defender y preservar sus tierras, culturas, lenguas, historias, identidades y espiritualidades, acogiendo y valorando la diversidad cultural, étnica y lingüística en un diálogo respetuoso con todas las tradiciones espirituales.

6. Caminar ecuménicamente con otras comunidades cristianas en el anuncio inculturado y liberador del Evangelio y con otras religiones y personas de buena voluntad, en solidaridad con los pueblos indígenas u originarios, con los pobres y los pequeños, en la defensa de sus derechos y en la preservación de la Casa Común.

7. Asumir ante la avalancha del consumismo un estilo de vida alegremente sobrio, sencillo, contemplativo y solidario con los que poco o nada tienen; reducir la producción de residuos y el uso de plásticos, optar por energías renovables, apostar por las empresas de economía social y solidaria y las finanzas éticas, favorecer la producción y comercialización de productos agroecológicos y de proximidad, utilizar el transporte público siempre que sea ​​posible y apoyar iniciativas que promuevan una nueva economía y un nuevo modelo de desarrollo basado en el bien común y la ecología integral.

8. Ponernos al lado de los que son perseguidos por su servicio profético de denuncia y reparación de injusticias, de defensa de la tierra y los derechos de los pequeños, de acogida y apoyo a las personas migrantes, las que buscan refugio o las que son objeto de tráfico o explotación.

9. Cultivar verdaderas amistades con los pobres, visitar las personas más sencillas, enfermas o privadas de libertad por cualquier causa, estar cerca de las personas sin trabajo, sin techo o sin papeles, defendiendo su dignidad, ejerciendo el ministerio de la escucha, del consuelo y del apoyo que llevan aliento y renuevan la esperanza.

10. Animar a todas las parroquias, congregaciones religiosas, entidades, grupos y comunidades de las diócesis que hacen camino en Cataluña a concretar este compromiso comunitario en sus actividades y hacer todos los esfuerzos posibles para que se promueva, se profundice y se vaya poniendo en práctica la llamada urgente del Francisco a una Conversión Ecológica Integral.

Conscientes de nuestra fragilidad, de nuestra pobreza y pequeñez ante los tan grandes y graves desafíos, nos encomendamos a la oración de la Iglesia.

15 de mayo de 2020

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